Gloria Fuertes ha dedicado cientos de poemas a hacer felices a los niños; poemas de ritmo fácil y expresados en un lenguaje que resulta cercano y asequible.
Los poemas de Gloria Fuertes se caracterizan por ser ingenuos, de ritmo fácil, que genera una grata musicalidad; y expresados en un lenguaje que, por no necesitar complicados recursos técnicos -sean lingüísticos o estilísticos- resulta cercano y asequible.
Y de entre estos poemas, hay una parte significativa relacionada con la Natividad, constituida por villancicos en todas sus posibles variantes, que entroncan con la tradición literaria de carácter más popular; villancicos fuertemente emotivos por los que desfilan las figuras del Nacimiento: pastores, Reyes Magos, la Sagrada Familia... están contemplados desde esa óptica tan personal -mezcla de bondad, verdad y belleza- que siempre ha caracterizado la palabra poética de Gloria Fuertes, tanto más si los destinatarios de su voz son los niños y los temas de sus versos los grandes misterios de la fe cristiana, a los que la poeta se acerca con una mezcla de respeto y candor infantil.
Hay un Niño que dicen...
Hay un Niño que dicen
que llora música.
¡Vamos a verle todos
con aleluya!
que llora música.
¡Vamos a verle todos
con aleluya!
Hay un Niño nacido.
¡Qué resplandores!
¡Vamos a verle todos
no sea que llore!
¡Qué resplandores!
¡Vamos a verle todos
no sea que llore!
¡Hay un Niño con alas
en el pesebre...!
Vamos a ir despacio
para que no se vuele.
en el pesebre...!
Vamos a ir despacio
para que no se vuele.










